
Las relaciones de pareja siguen un “ciclo vital”: nacen, crecen se desarrollan y algunas terminan. Cada etapa de la relación supone una adaptación, un cambio y un ajuste que deben llevar a cabo los dos miembros de la pareja. En ocasiones, la rutina, el estrés, la falta de comunicación y las dificultades de la vida cotidiana se convierten en un reto para la relación. Las relaciones de pareja funcionan como el sistema inmunológico, si está cuidado, protegido y fortalecido es mas probable que resista a las posibles amenazas externas. Sin embargo, cuando está debilitado es más vulnerable. La falta de comunicación, de tiempo para compartir juntos, el reparto desequilibrado de responsabilidades, las diferencias en la gestión de la economía familiar…etc, van provocando pequeñas fisuras que pueden dar lugar a un distanciamiento emocional progresivo y en ocasiones irreversible.
Las crisis de pareja aparecen en algún momento de la relación y tienen un valor importante pues gracias a ellas podemos ser más conscientes de nuestra realidad, sirven para aprender, reparar, crecer y madurar en la relación. Cuando surge una crisis debemos aprovecharla para replantearnos qué estamos aportando a la relación. Los problemas a vecesse perpetúan y la ayuda de un profesional puede darnos la perspectiva necesaria para superar la crisis sin consecuencias.
¿Sabías que?
Las crisis de pareja son habituales en todas las relaciones y pueden darse en cualquier etapa de la misma. Las crisis tienen un valor importante pues gracias a ellas podemos ser más conscientes de nuestra realidad, sirven para aprender, reparar y madurar la relación.
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